Por: Agencias
Con el acercamiento de la festividad de Día de Muertos, también crece el interés por comprender los días simbólicos que anteceden al 2 de noviembre. En particular, el 29 de octubre está reservado para honrar a las personas que perdieron la vida en accidentes o por ahogamiento.
Según la tradición, cada una de las fechas previas a la conmemoración —como el 27 y el 28 de octubre— está dedicada a diferentes tipos de ánimas. El 27 se recuerda a las mascotas fallecidas; el 28 a quienes sufrieron una muerte violenta o inesperada; y el 29 a quienes murieron en incidentes relacionados con el agua o accidentes fatales.
Para recibir a estas almas el 29 de octubre, la ofrenda debe incluir ciertos elementos simbólicos. Entre ellos se recomienda colocar un vaso de agua, que representa la pureza y calma del espíritu tras su tránsito; velas o cirios, para guiar su camino; sal, como acto de purificación; copal o incienso, para limpiar el ambiente; flores de cempasúchil; y por supuesto comida y pan de muerto para honrar la memoria del difunto.
El altar idealmente se ubica en un espacio tranquilo del hogar —como un pasillo o junto a una ventana—, para propiciar el encuentro simbólico entre el mundo de los vivos y el de las almas.
Esta estructura de días dentro del calendario espiritual del Día de Muertos ayuda a quienes participan de esta tradición a conectar con los difuntos de manera consciente y respetuosa. De esta forma, preparar la ofrenda con intención se transforma en un acto de memoria, cariño y cuidado hacia quienes ya partieron, pero regresan simbólicamente para reencontrarse con sus seres queridos.
Con información del El Financiero
madpf